Cómo corregir la agresividad del perro frente a los extraños

Cómo corregir la agresividad del perro frente a los extraños

Realmente existen pocos perros que puedan considerarse agresivos. Un perro que efectivamente fuese agresivo causaría muchísimo daño al atacar, mordiendo con toda su energía. De hecho cuando alguna vez ocurre, el perro no suele repetir ese comportamiento ya que suelen ser sacrificados acorde al Ordenamiento Jurídico.

Normalmente lo que ocurre es que responden a un estímulo o causa (casi siempre debido al miedo) que de forma razonablemente fácil podemos controlar y corregir.

El morder es un comportamiento normal en los perros, durante los juegos suelen morder, pero hay que enseñarles que, sobre todo con humanos, se trata de un comportamiento no aceptado. Hay que diferenciar esas mordeduras de lo que sería un ataque que, como hemos comentado, suele estar motivado por el miedo.
Cuando un perro siente miedo ante un extraño, sea éste otro perro o un humano, suele comenzar a ladrar y a retroceder, siendo hasta ese momento un comportamiento normal. El problema suele venir cuando el dueño le impide ese retroceso y le obliga a afrontar esa situación, no dejando otra opción que el morder. Además, esta situación suele repetirse rápidamente (no suelen morder a la primera) por lo que reforzamos su reacción ante situaciones similares, consiguiendo el efecto contrario al que queremos conseguir que es evitar el perro sea “agresivo” con extraños.

Es importante en primer lugar, ante la llegada de un extraño (sea otro perro o una persona) nos mostremos totalmente tranquilos y procuremos tener entretenido al perro con juegos de modo que esté divertido y relajado. De este modo asociará la llegada de un extraño con una sensación agradable y de relajación.

En segundo lugar, si el extraño es una persona, hay que indicarle que no se acerque demasiado al perro o, si lo hace, lo haga de manera que no sea percibido por éste como una amenaza. Si la persona le acerca la mano que lo haga por debajo de la boca del perro y mostrándole el dorso al animal, de modo que éste pueda olerla y perciba el tono amistoso de la nueva presencia. Nunca hay que poner la mano por encima de un perro extraño ya que esta acción será percibida como agresiva.

En tercer lugar, al menor indicio de que el perro siente miedo y retrocede debemos dejarle retroceder y permitirle permanecer un poco separado hasta que se acostumbre a la nueva presencia. Si aparecen gruñidos o ladridos hay que regañarle de manera autoritaria y firme, pero tranquila, mostrando quién es el jefe de la manada y mostrando al perro que en nuestra compañía no hay nada que temer: hemos de mostrar suficiente autoconfianza y fuerza para dar seguridad al perro. Es en este punto cuando el perro aprenderá la disciplina de obedecernos en primer lugar, frente a otros estímulos.

Por último, es importante no correr riesgos innecesarios dejando que otros perros o personas se acerquen a nuestro perro si aún no estamos seguros de que no va a sentir miedo y por consiguiente, comportarse de forma agresiva. Hemos de irle invitando poco a poco a socializarse.

Créditos imagen: http://blogs.telegraph.co.uk

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