Cómo combatir la leishmaniosis

Cómo combatir la leishmaniosis

En artículos anteriores hemos visto que la leishmaniasis la transmite la picadura de un insecto llamado flebotomo y cómo afecta a los humanos y a los perros. También hemos visto que no se transmite de perros a humanos, ni al revés. Ver primer artículo, ver segundo articulo.

En esta ocasión vamos a ver cómo podemos combatirla.

La mejor forma de combatirla (y puede que la única) en perros, ya que no tiene cura y sólo podemos disminuir sus síntomas, es la prevención.

Para ello, en primer lugar, en países de clima mediterráneo, a partir de primavera y hasta la llegada del frío, evitaremos frecuentar espacios donde haya desechos de jardinería (restos de poda, plantas y árboles cortado y muertos), mampostería muy deteriorada, paredes con grietas, zonas con escombros y arenales húmedos, ya que estos lugares son el hábitat natural de la mosca de la arena.

En España tendremos especial cuidado en Aragón, Madrid (donde existe un importante brote desde 2009, en la localidad de Fuenlabrada), las dos Castillas, Extremadura, Andalucía y el levante tanto peninsular (Cataluña, Valencia y Murcia) como insular (Baleares).

Fuera de España, aparece principalmente en países con clima mediterráneo como en Portugal, Francia, Italia, Albania, Croacia, Chipre, Grecia, Malta Turquía, Israel, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos y algunos países de América Latina.

Además de evitar las zonas de hábitat natural del flebotomo, está disponible desde el año pasado (2012) la vacuna contra la leishamaniosis que desarrolla inmunidad celular y ha de ser aplicada en tres dosis, repitiéndose cada año. Su precio ronda los 50 – 100 euros y no es obligatoria. Se puede suministrar a cachorros de más de 6 meses y se ha registrado una efectividad del 92,7%, es decir, de cada 100 perros casi 93 no desarrollan ninguno de los síntomas de la enfermedad.

No obstante la existencia de la vacuna, además se recomiendan otro tipo de medidas preventivas unidas a las dos anteriores como son:

  • Análisis de sangre anuales después del verano para una detección precoz de la enfermedad.
  • Colocación de collares repelentes, como Scalibor.
  • Usar mosquiteras en las ventanas, sobre todo en casas de campo.
  • Usar en casa insecticidas y antimosquitos eléctricos.
  • Fumigar regularmente en zonas cercanas al hábitat del flebotomo o con gran concentración de mosquitos.
  • Administrar regularmente pipetas antiparasitarias e insecticidas.

Si el perro no recibe ninguna protección, el riesgo de contagio oscila entre un 3% y un 18% siendo mayor el riesgo zonas más rurales y periurbanas.

Créditos imagen: http://2.fimagenes.com

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